El amor incondicional es uno de los regalos más puros que podemos ofrecer. Sin embargo, la vida nos enseña que no todos saben recibirlo ni valorarlo. A veces nos cruzamos con personas a quienes les mostramos lo que significa amar de verdad, y aunque no siempre lo aprecien en ese momento, sembramos en ellos una semilla que algún día puede florecer. Por otro lado, esas mismas experiencias nos muestran que debemos aprender a ser más sabios con la entrega de nuestro amor, porque no cualquiera merece tener acceso a lo más sagrado de nuestro corazón.

Aunque en el momento se sienta como una pérdida, en realidad es una lección que nos fortalece. Nunca perdemos cuando amamos desde la verdad; lo único que perdemos es la ingenuidad. Lo que queda en nosotros es mayor claridad, más fortaleza y una versión de nosotros mismos más consciente. El amor nunca es en vano: siempre transforma, siempre enseña y siempre deja huella, incluso si no fue recibido como esperábamos.